ABC.es

laGuíaTV

patrocinado por .
En busca de una televisión pública de talla europea

En busca de una televisión pública de talla europea

Los países de nuestro entorno apuestan por modelos fuertes y con influencia

Día 01/10/2014 - 16.36h

La dimisión de Leopoldo González-Echenique como máximo responsable de RTVE ha reabierto un debate no resuelto en España: cuánto estamos dispuestos a pagar por una televisión pública y cuál es el mejor modelo económico para mantenerla. En el seno del Gobierno no todos parecen coincidir. Es sintomático que el día de su despedida, el principal mensaje de Echenique, aunque no el más escuchado, fuera que necesitamos una RTVE fuerte.

Con la crisis, el Gobierno ha recortado las subvenciones directas a RTVE en un 46%, mucho más que a cualquier otra empresa pública. Su déficit de poco más de cien nació de estos descensos. Han sido 250 millones de euros menos procedentes de los Presupuestos Generales del Estado. En el aire están ahora 130 millones prometidos por el Ejecutivo, que sin embargo se resiste a soltar. Para situar la cantidad en su contexto, nada mejor que comparar con los países de nuestro entorno.

BBC, bandera del Reino Unido

En el Reino Unido, la BBC no solo es sinónimo de calidad y hasta de correcta pronunciación del inglés. Es parte del corazón del Reino Unido y el divulgador de su esencia en todo el planeta. Fundada en 1922, operó en monopolio hasta 1955, cuando nació ITV. Hoy sigue siendo la compañía con más audiencia, en dura competencia con ITV y Sky, plataforma de Murdoch. Su canal internacional BBC World News es el más visto del mundo, por delante de CNN.

Según informa Luis Ventoso desde Londres, la compañía es un coloso de 23.000 empleados (casi cuatro veces más que los 6.300 de RTVE), con un presupuesto de 6.168 millones de euros (el de la corporación española no llega a mil), que se financia principalmente a través del canon obligatorio que paga cada británico que tiene televisor, de unas 150 libras por año. Solo por la venta de sus series y documentales, excelentes, la BBC recaudó más de 1.300 millones. Al canal internacional van otros 430 millones, más que la aportación total del Gobierno en nuestro país, que no llega a 300. La población británica es de 64 millones de habitantes.

La BBC emite cada noche una serie propia, todas de un estándar encomiable. Su lema es «informar, educar y entretener». Su mandato la obliga también a tener audiencia. La compañía está tutelada por BBC Trust, consejo que marca las líneas generales de actuación. Sus once consejeros los designa la Reina, previa recomendación del Gobierno. La BBC, que se completa con su oferta de radio e internet, continúa siendo una institución medular para la vertebración del Reino Unido y para bruñir su imagen exterior. En el pasado referéndum de Escocia volvió a jugar un papel muy relevante, al divulgar en exclusiva que los dos principales bancos de Escocia se irían a Londres si ganaba el «sí», lo que le valió agresivas críticas de Alex Salmond.

La ARD alemana, otro gigante

La radio-televisión pública alemana (ARD) ha sido fundamental en dos etapas históricas, la posguerra y la reunificación. En 1950, Alemania Occidental introdujo una red de televisión conjunta que comenzó a transmitir dos años después, según informa José-Pablo Jofré desde Berlín. En la actualidad, ARD opera 54 estaciones de redes regionales y locales, dos canales de radio nacionales y nueve redes regionales. Entre todos emplean a 23.000 trabajadores fijos y tienen un presupuesto de 6.300 millones, cifras muy parecidas a las británicas. Su población es de 80 millones de personas.

De todos ellos, más de 24 millones ven «Das Erste» (la primera cadena pública de televisión) lo que corresponde a un 12,1% de cuota de pantalla. En el caso de los programas públicos de radio: más del 54,1 por ciento de la población alemana (39,7 millones de habitantes mayores de 10 años) escuchan diariamente alguno de sus 55 programas. ARD cuenta además con 100 corresponsales en 30 ciudades del mundo y ha comenzado una colaboración cada vez más intensa con su filial internacional: Deutsche Welle.

La RAI, sentimiento unitario de Italia

En Italia, RAI celebra en este año su 60 aniversario, informa Ángel Gómez Fuentes. Pomposamente ha sido definida como «la más grande industria cultural» del país, contribuyendo de forma decisiva en el sentimiento unitario de la nación. Su relevancia en la vertebración de la nación y la importancia para difundir el italiano en todos los rincones del país ha sido elogiada de forma unánime. Ningún historiador podría escribir la historia de los últimos 60 años de Italia sin la ayuda de la RAI, con su rico patrimonio simbólico y con programas que han marcado un hito, por su influencia social y en las costumbres, como el Festival de la canción de San Remo. Pero la RAI, que fue maestra durante decenios, intenta hoy adaptarse y renovarse para no perder influencia.

Tres fases ha vivido con respecto a su audiencia. En sus inicios fue controlada por una élite, al principio liberal y luego católica. Era una televisión generalista que estaba por delante de su público; la mitad de la población era analfabeta. En una segunda fase, la oferta estaba en sintonía con los conocimientos de la audiencia. Y en la actual, la televisión generalista se dirige a un público amplísimo, pero cada vez más «residual» por edad, instrucción y censo. La RAI corre ahora el riesgo de ser cada vez más marginal, si no se renueva profundamente. Sigue siendo víctima de la influencia política de los partidos, que a menudo colocan dirigentes más fieles al gobierno de turno que a la misión de servicio público. Tiene 12.000 empleados, de ellos 1.700 periodistas, y se autofinancia con publicidad y un canon de 130 euros que paga cada familia con televisión. En Italia viven 60 millones de personas.

La voz de Francia

El servicio público audiovisual francés, por su parte, está formado por siete cadenas de televisión y ocho de radio, consagradas a «estructurar» Francia y propagar la «palabra nacional» en cinco continentes, informa Juan Pedro Quiñonero. El general de Gaulle, patriarca fundador de la V República, estimaba que la radio y la televisión nacional debían encarnar y ser los altavoces de «la voz de Francia».

Con matices, todos los presidentes de la V República, Pompidou, Giscard, Mitterrand, Chirac, Sarkozy y Hollande, estiman al unísono que el servicio público audiovisual debe cumplir tareas esenciales, dentro y fuera de las fronteras nacionales. France 2, France 3 y France 4 están consagradas a cubrir el territorio nacional con emisiones de carácter «ecuménico», desde tres perspectivas: nacional, regional e internacional. Cinco cadenas de radio tienen encomendada la misma «misión». Cuatro canales (France 5, RFO, Arte -coproducida con Alemania- y TV5) están consagradas a propagar la «palabra de Francia» a escala internacional. Otras dos de radio tienen el mismo objetivo estratégico.

Cualquier espectador podrá comprobar que las emisiones políticas gozan de una independencia sólida. Las cadenas consagradas a la proyección internacional de la imagen y la palabra francesa tienden a dar una visión veladamente oficial de la actualidad. «Localismos» y «regionalismos» tienen una importancia palmaria. France 3 está consagrada casi íntegramente a cubrir las actualidades regionales. Sería impensable, sin embargo, la producción y emisión de programas en otra lengua (corso, bretón) que no sea el francés.

Izquierda y derecha, Hollande o Sarkozy, pueden tener grandes diferencias. Sarkozy era partidario de intervenir personalmente en los nombramientos de directores. Hollande prefiere delegar en el Consejo Superior Audiovisual. Izquierda y derecha, sin embargo, coinciden en el punto capital: el servicio público audiovisual es una «herramienta» indispensable y «estructurante» de la realidad histórica, política y cultural de Francia.

«Vital para la democracia»

En España, Manuel Campo Vidal, presidente de la Academia de Televisión, asegura que España «necesita la convivencia de una televisión pública y una privada competitivas» En su opinión, «el debilitamiento del sistema público es perjudicial para la información y la democracia». «Otra cosa es la exigencia ciudadana de que las cadenas públicas sean bien gestionadas, que salgan del endeudamiento progresivo acostumbrado y se instalen en el pluralismo informativo riguroso». Campo Vidal propone incluso «abrir la mano de forma discreta a diversas formas de publicidad», pero no su vuelta definitiva. Más partidaria de volver a los anuncios, como es natural, se muestra la Asociación Española de Anunciantes, pero sin llegar a la saturación de otras épocas.

Comentarios