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¿Dinero? ¿Tradición? ¿Por qué los capítulos en nuestro país duran el doble?
El prime time español se caracteriza por terminar y acabar más tarde que en otros países

¿Dinero? ¿Tradición? ¿Por qué los capítulos en nuestro país duran el doble?

Comprar, vender y programar en la parrilla española se convierte en una tarea complicada porque un único espacio ocupa todo el «prime time»

D�a 14/10/2014 - 18.07h

El «prime time» ?la hora de máxima audiencia televisiva? español tiene lugar (aproximadamente) entre las diez y las doce de la noche. Sin embargo, en múltiples ocasiones los programas estiran su hora de emisión lo máximo posible y terminan provocando que sus espectadores trasnochen, restándole así horas de sueño y descanso. La manera en la que se estructura este prime time en la parrilla tiene mucho que ver con la cultura y los hábitos sociales instaurados. España es el país en el que más duración tienen las series, diferenciándose entre 20 y 40 minutos con la ficción producida en otros lugares. La desigualdad es aún más grande en la comedia, en la que las ficciones extranjeras (estadounidenses) duran 20 minutos. Esto tiene consecuencias no solo a la hora de programar aquí la ficción de otros países, sino también a la hora de crear y de vender al extranjero la producción propia, pues estas «especificidades» condicionan la manera de crear la «ficción patria».

El pasado martes 23, los espectadores castigaban precisamente la estrategia de programación que siguió Telecinco con «Hermanos». La cadena de Mediaset retrasaba sobre la marcha la emisión de la segunda entrega de esta miniserie, beneficiando así a «Gran Hermano». Sus seguidores vieron cómo la ficción comenzaba apenas unos minutos antes de las 11 de la noche, lo que tuvo consecuencias en sus datos de audiencia. Perdió 400.000 espectadores respecto al capítulo piloto y cerca de un 3% de cuota de pantalla.

Hace pocos días también ha trascendido que TVE señalizará en los canales de la corporación si los programas nocturnos terminan antes o después de la medianoche. Esta decisión llega tras un acuerdo con el Ministerio de Sanidad, dentro de las negociaciones con la Comisión Nacional de Racionalización de Horarios (CNRH). Debido a las características propias de la televisión pública, el horario del prime time en TVE acaba, a menudo, mucho antes que el del resto de las cadenas privadas. Sí que mantiene, en cambio, la fórmula de la duración de sus series, y un capítulo de Isabel, por ejemplo, se prolonga ?sin interrupciones? durante 80 minutos, rozando el estándar que tendría una película

Capítulos más largos

En los próximos meses se estrena en laSexta la coproducción de Atresmedia con la cadena británica BBC «Refugiados», una historia de ciencia ficción realista que se caracteriza, entre otros casos, por estar compuesta de ocho capítulos de 50 minutos. «En España, las temporadas siguen siendo de trece capítulos. Se estandarizó así y, en general, esta sigue siendo la norma. Se decidió hacer los capítulos más largos en lugar de hacer más capítulos, porque eso eliminaba el riesgo. Si ya tenías a la audiencia sentada delante del televisor, ¿por qué no darle más tiempo de contenido?», se pregunta Concepción Cascajosa, profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid.

Sobre la imposibilidad de exportar las características de nuestra ficción al extranjero, Cascajosa destaca que «hay muchas series de televisión que cuando se comercializan fuera de España deben partir los capítulos, hacer un nuevo montaje para hacer episodios con una duración estándar. A lo mejor una serie que se produce en España con una temporada de 13 capítulos se emite en otro país con un montaje de 20 entregas». El origen de la estandarización, apunta, está en el modo en que las privadas intentaron maximizar los productos que tenían al principio de su existencia. De hecho, los primeros episodios de «Médico de Familia» tenían una duración de 60 minutos.

En cuanto a las diferencias entre el prime time español y el de otros países, Cascajosa señala que hay al menos dos. En primer lugar, el horario estelar español empieza casi dos horas más tarde que el de Estados Unidos (donde va de 8 a 10 de la noche). Además, en este prime time extranjero, la hora es fija y no se retrasa ?o es extraño que lo haga? por eventos deportivos o de otro tipo. En segundo lugar, señala que en el país norteamericano, esta franja está dividida en periodos de media hora, que funcionan como un puzzle y permiten establecer muchas estrategias jugando con estos tres bloques diferentes.

«En el caso español esto es imposible: hay un único programa que ocupa todo el prime time. Y si lo que se emiten son programas de otros países, se crea un gran contenedor donde caben hasta 3 o 4 capítulos». Por este motivo, señala que las series británicas en España son difíciles de programar y se ven poco: «Terminan pronto y como no hay más producto, tampoco se puede repetir (como sí ocurre con CSI)», apunta Cascajosa.

El espectador trasnochador

«Mucha gente se va a dormir tarde porque el programa le interesa mucho. Además, existe un deseo de poder verlo en directo. Se podría grabar o verlo en internet, pero la mayor parte de la gente prefiere verlo porque no quiere llegar al día siguiente al trabajo y que le cuenten cómo ha terminado la serie o el programa. Hay un deseo de estar en la conversación que hace que la gente prefiera verlo en directo que utilizar una de estas formas de consumo posterior», señala Cascajosa. Así, apunta a que la televisión se ajusta a los ritmos vitales y, para cambiarlos, habría que modificar tamben otros elementos socioculturales que son los que hacen que la gente se acueste tarde.

José Antonio Antón, director de programación y de canales de TDT en Atresmedia, declara que «la experiencia nos ha demostrado que el espectador disfruta viendo más de un episodio de una serie una misma noche, sobre todo cuando son duraciones cortas como las de algunas series extranjeras». Sobre las causas de que la ficción sea más larga respecto a la de otros paises, apunta a la «costumbre y experiencia del público a la hora de ver televisión».

En cambio, Patricia Marco, directora de Antena de Mediaset España, apunta que el coste de la ficción estadounidense respecto a su mercado «se recupera en seguida teniendo en cuenta que a su producto acceden 500 millones de consumidores y por tanto su mercado publicitario es mucho mayor, también sus ventas internacionales. Nuestras series no se amortizan de igual modo y una de las vías para que eso no penalice nuestras cuentas de resultados es ampliando ligeramente la duración». Marco reconoce, al igual que Antón, que «cuando un espectador se sienta delante del televisor, en muchas ocasiones, quiere ver más de los 45-60 minutos que dura una ficción extranjera».

Efecto en los guiones

El gremio afectado directamente por estas políticas de programación es el de los guionistas. Natxo López, que ha escrito para «7 vidas» o «Hispania», entre otras, destaca que esta duración estirada «afecta sobre todo a la hora de escribir, pues hay que meter mucho más contenido, más personajes y más tramas». Sobre su reivindicación y deseo de que se estandarizaran a nivel europeo/estadounidense, apunta a que «es una pelea que tenemos perdida desde hace mucho tiempo». En la trinchera opuesta a los guionistas, sitúa a las cadenas y a los programadores.

«Adelantar la hora del prime time beneficiaría al producto solo en parte. Pues más que a las series, afecta sobre todo al espectador, que en muchos casos se pierde la última media hora del capítulo y los guionistas ?en determinados casos? no se arriesgan tanto a meter un giro final sorprendente o más impactante», destaca López.

Sobre el motivo, en última instancia, de este retraso de la hora y del alargamiento de la duración, destaca el guionista que los directivos de la cadena «valoran el share y no el rating (esto es, el número real de espectadores que te ha visto). Hay veces que las cadenas prefieren que un producto termine muy tarde porque es posible que tenga así una cuota más alta, aunque en realidad es absurdo porque estás perdiendo espectadores». Así, destaca que la ficción queda dañada porque hay un número de telespectadores que se pierde el final del capítulo, lo que resulta «un impedimento para ver el siguiente».

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