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¿Qué series ven los chinos en la intimidad de su «Todo a cien»?

¿Qué series ven los chinos en la intimidad de su «Todo a cien»?

Dos jóvenes naturales del país asiático explican qué tipo de ficciones se producen en su país

D�a 09/02/2015 - 13.43h

Para la mayoría de los españoles, el contacto con el cine y sobre todo con las series chinas reside en ese breve aunque rutinario espacio de tiempo entre pagar y que nos den el cambio en el bazar chino de debajo de nuestra casa. Es habitual ver a los dependientes de estos locales enganchados en todo momento a la ficción que se produce en su país de origen, pero, ¿cómo son esas series y películas que están viendo?¿de qué van?¿qué les aportan? Es más, ¿las descargan ilegalmente o existe un servicio legal de distribución?

El especialista en ficción para televisión Lorenzo Mejino explica que se trata de un mercado «muy controlado por el gobierno chino». Esto hace que reinen «las grandes epopeyas de los emperadores, con el típico culebrón de época para evitar que piensen sobre los tiempos actuales y además aprovechar para hacer propaganda». Este crítico televisivo matiza que existen dos zonas de producción de contenidos: Pekín, donde abundan «los dramas históricos al ser todo más oficialista»; y Hong Kong, cuna de las «comedias romanticonas, más comerciales, rodadas en cantonés».

Chenxi Luo lleva cinco años en Madrid, donde estudió Filología Hispánica y dos máster. En consonancia con lo que dice Mejino, cuenta que en su país existe una producción de contenidos de masas que se divide entre «históricos, bélicos y de actualidad». «Las biografías son muy populares y además se hacen varias versiones de un mismo personaje», comenta. Sin embargo, se detiene en los de temática bélica para afirmar que suponen una auténtica «arma propagandística»: «Tratan de la II Guerra Mundial, con el enfrentamiento con Japón, y de la Guerra Civil China. Siempre tienen un sentido político que busca la construcción heroica del Partido Comunista Chino». De hecho, durante sus años en España, esta aspirante a ser profesora de español en su país natal ha disfrutado de ficciones patrias como «Águila Roja», «Isabel» o «Gran Reserva», de las que opina que carecen «de tanta carga política». Allí, series exitosas como «All quiet in Peking» siempre llevan ese peso «publicitario» del pasado.

Luo pone como ejemplo de lo producido en su nación de origen a «La emperatriz china», que casualmente ha estado de actualidad al haber sido cancelada y repuesta porque los censores gubernamentales consideraron que las actrices mostraban demasiado escote. Y es que en el país asiático la censura no solo actúa por cuestiones ideológicas. Wang Zhili, estudiante en la madrileña Universidad Carlos III, comenta que en su país existen una serie de «temas tabú» sobre los que no se trabaja o, si es contenido extranjero, se evita su difusión. Uno de ellos son las escenas de temática erótica, así como las que muestran actrices excesivamente provocativas: «Se elimina esa parte», afirma. «En mi país no existe un reglamento específico que clasifique los contenidos pero sí hay un control muy claro por parte del Estado».

Para este joven titulado en Pedagogía, aunque las series que se realizan en su país han tenido «una mejora de la calidad en el último año», en su mayoría «son malas». De hecho, él reconoce que consume las de origen extranjero: «Me gusta Big Bang Theory». Aunque para pelear contra estos gustos, el Gobierno ya ha actuado.

Hasta hace apenas tres meses (cuando fue clausurado), el portal «YYETS.com» suministraba contenidos subtitulados al chino de manera fraudulenta, de la misma manera que muchas descargas ilegales en España incluyen subtítulos en nuestro idioma. Esto se debe a que el país asiático se ha puesto las pilas en el respeto del copyright extranjero. Una paradoja si se tiene en cuenta que en China no existe este tipo de protección de los derechos de autor: «Hay dos aplicaciones, Iqiyi y PPS, donde se pueden encontrar miles y miles de series y películas gratis», cuenta Luo. Esta joven añade que allí lo que cuenta «es que la gente lo vea» porque «cuanta más publicidad, más dinero para los productores».

En el cine, el sistema de explotación es similar. También la temática. «La guerra contra los japoneses es tema clave, igual que en televisión, y lo mismo pasa con la Guerra Civil», cuenta Luo. Cintas como «The Taking of Tiger Mountain» o «Gone with the bullets» son algunas de las que triunfaron en 2014. La primera ensalza a héroes y mártires del Partido Comunista Chino, la segunda aborda el destino del país hacia la construcción política actual. Un aspecto que parece hartar a Luo, a diferencia de Zhili, que asume la importancia de esto para explicar la historia de China a la población. «A los jóvenes japoneses no les importa el pasado de su nación, apenas lo conocen», sentencia. Y eso que, a su juicio, en los últimos tres años las temáticas han evolucionado, abordando «el amor, la juventud», y la censura «se ha relajado». Una afirmación, esta última, a la que también parece sumarse su compatriota.

Un salto internacional

Oti Rodríguez Marchante, crítico cinematográfico de ABC, explica que el cine de este país empezó a tener cierta fuerza en los años ochenta, «con la quinta generación de la Academia de Cine de Pekín» (la mayor universidad especializada en este ámbito de toda Asia). «Era un cine muy estético, sin demasiado toque social», matiza. Pero en los 90 llegó «la sexta generación»: «Hacían un cine más urgente, con películas que han tenido éxito dentro y fuera de China». De ahí salieron directores como Jia Zhang Ké («El Mundo») o Zhang Yuan («Bastardos de Pekín»).  A todo ello se añade la «renovación del cine de artes marciales» que se produjo en los años 2000, que, en opinión de Marchante, «lo recogió para hacerlo esplendoroso». «Tigre y Dragón», del afamado Ang Lee, y «La casa de las dagas voladoras», de Zhang Yimou, son buenos ejemplos de una colección de largometrajes que además dieron fama internacional a intérpretes como Jet Li o Maggie Cheung.

Todo en un mundo lejano en kilómetros pero no tanto en hábitos. Tanto Luo como Zhili explican que no consumen las series de televisión chinas y que prefieren las extranjeras. «Las nuevas generaciones, las que sabemos inglés, no vemos las ficciones locales», matiza la primera. Una tendencia que, aunque no tan creciente, también se puede observar en España. Al menos, entre el público internauta.

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