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«Veep», la política idiota
Julia Louis-Dreyfus

«Veep», la política idiota

La serie satírica vuelve hoy a EE UU y mañana a España con la cuarta temporada, la última de Armando Iannucci, su creador

Día 13/04/2015 - 17.08h

Ed Miliband, el líder laborista británico, confiesa que no le gusta ver «The Thick of It» porque es muy real. Prefiere «El ala oeste». Es política ficción y extranjera, con un océano de separación. Kevin Spacey ha desvelado lo que Bill Clinton le dijo sobre «House of Cards»: «Kevin, el 99 por ciento de lo que haces en esa serie es real». Cielos. Que ahí matan gente. Tania Sánchez contó a Gonzalo Suárez que ella y Pablo Iglesias discutían si es creíble que el protagonista se encargue en persona de asesinar a sus enemigos. Pablo sostenía que no y ella que sí. Más cielos. En la cuarta temporada de «Veep», que se estrena hoy en la HBO y el lunes en Canal + Series, Selina Meyer, vicepresidenta de toda la vida, ya ocupa el Despacho Oval, lo cual está un poco entre Damien de «La profecía» y Lina Morgan. Claro que siempre pensamos en Sarah Palin como modelo de Selina, pero sólo por lo facilón de que es una mujer (y, en todo caso, habría más senadoras chifladas estadounidenses en las que fijarse).

«Veep» es una creación de Armando Iannucci, como «The Thick of It» (y como la película «In the Loop»). Una adaptación estadounidense de lo políticamente risible. Un político y sus asesores (a veces descabellados) en sus habituales jornadas de trabajo. Una vicepresidenta de los Estados Unidos en este caso (al Presidente ni se le ve ni se le menciona hasta el final de la tercera temporada, cuando su nombre, Stuart Hughes, se revela). «The Thick of It», que empezó a emitirse en Gran Bretaña en 2005, estaba inspirada en Alastair Campbell, director de Comunicación de Tony Blair. Pero posteriormente también lo hizo en Miliband. Por eso este no puede mirarla. Selina Meyer, una extraordinaria Julia Louis-Dreyfus, empezó la serie en 2012 de vicepresidenta (de ahí el título de «Veep»). A su lado, unos excéntricos asesores. Y algunos normales, como la interpretada por Anna Chlumsky (la niña de «My Girl»), que hace de Amy Brookheimer, jefa de gabinete. O Gary Cole (el marido de Christine Baranski en «The Good Wife»), que es Kent Davison, estratega político del presidente. La serie, como ya hizo «El Ala Oeste», ha enseñado a los espectadores el cero a la izquierdísima que es un vicepresidente de Estados Unidos (más guerra que los otros da la loca de Sally Langston en «Scandal»). Y también lo tontos que pueden ser los políticos, cosa que ya se vio en «Spin City», con Mike Flaherty (Michael J. Fox), como teniente de alcalde, protegiendo al alcalde de Nueva York, Randall Winston (Barry Bostwick). La serie donde descubrimos a Connie Britton, aunque entonces nos caía mal.

«The Thick of It» es heredera de «Sí, Ministro» y «Sí, Primer Ministro». Y, por tanto, también lo es «Veep», ambas adaptadas a los nuevos tiempos y cada una a su país. «Sí, Ministro» se estrenó en febrero de 1980 en la BBC, nueve meses después de la llegada de Margaret Thatcher a Downing Street. Con solo tres personajes y una puesta en escena teatral, como «Yo Claudio» o como «Arriba y abajo», mostraba de manera muy real (había topos que daban información) las contradicciones entre el político idiota, el secretario permanente astuto y el secretario privado, que es casi el perplejo espectador que ve el choque entre los otros dos. Como señala Carmelo Moreno del Río en su ensayo «Humor, política y series de entretenimiento». El fenómeno «Yes, Minister», «la novedad de la serie fue llevar la comicidad de la política a una nueva dimensión hasta ahora desconocida: reírse de la astucia, que deriva en cinismo, de los funcionarios». Es decir, de los asesores. Y esa idea, ya asentada, la del político estúpido y el equipo astuto, es también la de «Veep». Americanizada. Armando Iannucci preparó su aventura en el otro país leyendo historia de Estados Unidos. Toda clase de libros, hasta «The Years of Lyndon Johnson», de Robert A. Caro. Y lo que ha conseguido es hilarante. Cada escena es ensayada con los actores improvisando, haciendo el tonto lo máximo posible, y luego los guionistas incorporan lo mejor.

Para la tercera temporada, para optar a la Presidencia, Selina se cortó el pelo. No es un tema baladí. Daba la razón a Hillary Clinton: «La cosa más importante que tengo que deciros hoy es que el pelo importa. Es una lección de vida que mi familia no me enseñó. Wellesley y la escuela de Derecho de Yale fallaron a la hora de enseñármelo también. Vuestro pelo manda mensajes a la gente. Prestad atención a vuestro pelo porque todo el mundo va a hacerlo». Era un discurso para estudiantes de Derecho. Selina, con el pelo corto, ya está en el Despacho Oval. A ver lo que dura. En una promo de la cuarta se la ve leyendo un cuento a unos niños de unos cuatro años. Les dice: «Sí, soy la Presidenta». Y un niño negro suelta un «guauuuu» que suena a «Ay, madre mía».

Sucesora de Lucille y ladrona de Emmys

Julia Louis-Dreyfus (Nueva York, 1961), que debutó en «Hanna y sus hermanas», es la gran cómica americana de la televisión. Sí, está Tina Fey y todas las que escriben, pero la protagonista de «Veep» es la sucesora de Lucille Ball. Hace dos años, con 14, superó el record que esta tenía de 13 nominaciones a los Emmy. El número ha subido a 15 (y cinco ganados). Además de haberse convertido en la actriz cómica más nominada en la historia de los Emmy, Julia ha recibido la estatuilla de la televisión por tres series diferentes: «Seinfeld», «Las nuevas aventuras de la vieja Cristina» y «Veep». Lucille Ball sólo estuvo nominada por «Lucy». Pero a veces la injusticia de uno de esos premios ha sido reconocida por la propia Julia. Así, en 2006, el año en que se enfrentó a Jane Kaczmarek. Jane estaba nominada por la última temporada de «Malcolm in the Middle» (por esa maravillosa Lois Wilkerson que es la mejor/peor madre de la historia de la televisión). Julia concurría con «Las nuevas aventuras de la vieja Cristina» (las otras eran Debra Messing, Lisa Kudrow y Stockard Channing). Ganó Julia. Digamos que es comparable a cuando Jodie Foster consiguió el Oscar por «Acusados» estando nominada Glenn Close por «Las amistades peligrosas». Al día siguiente de la ceremonia, Julia Louis-Dreyfus mandó un precioso ramo de flores a Jane Kaczmarek con una nota: «Querida Jane, te han jodido. Te quiero. Julia Louis-Dreyfus».

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