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Conclusiones de un «ministérico» después del final de «El Ministerio del Tiempo»
El último capítulo de «El Ministerio del Tiempo» acabó con más de dos millones de espectadores

Conclusiones de un «ministérico» después del final de «El Ministerio del Tiempo»

La serie de TVE despidió ayer la primera temporada ante su irreductible grupo de fieles, que ya quieren nuevos capítulos

D�a 14/04/2015 - 21.34h

1. El tiempo es el que es, pero se pueden hacer series de calidad, servicio público e interés sin disparar los costes. El éxito de «El Ministerio del Tiempo» va más allá de las meras cifras de audiencia. El sistema de medición, además, está obsoleto. ¿Cuánta gente de verdad ha visto cada capítulo? No tiene sentido contar solo a los que ven la emisión en directo. No ver más allá del «share», por otro lado, es miopía en una cadena pública que no vive de la publicidad y necesita una justificación moral a casi todos sus actos.

2. Pablo Olivares era un genio y su hermano Javier, uno de los grandes guionistas europeos. Además, las series ganan si el creador está al mando. En otros países no le dan el poder por esnobismo. Aquí el proceso no tiene vuelta atrás.

3. La historia de España está desaprovechada. El MdT da para todas las temporadas que le dé la gana a sus autores y tenga a bien emitir TVE. El milagro de los Alcántara podría repetirse, aunque sean otros tiempos y la cuota de pantalla no parezca repetible. Tampoco estaría mal una aparición estelar del barrio de San Genaro el año que viene, como la de Jordi Hurtado.

4. En cuestión de público también hay dos Españas, como mínimo, y una es más numerosa que la otra. Los críticos son otra minoría, pero tampoco están solos. La buena ficción y Dios se parecen. Ambos dan pan al que no tiene dientes.

5. TVE no sabe programar con la misma mala leche que las privadas, pero tiene un departamento de interactivos que vale un imperio.

6. Si TVE no hubiera renovado el MdT, sería como para enviar a sus responsables a una cárcel del siglo XI.

7. Se puede grabar una serie de aventuras con Lope, el Lazarillo, García Lorca y Velázquez e, incluso, convertirlos en tendencia en las redes sociales. Los actores que hacían estos papeles (y otros) tienen su buena parte de culpa.

8. La comedia no exige personajes de cerebro plano. No había un solo zote en el MdT y no se les echaba de menos. Las escenas de acción exigen algo más de presupuesto, eso sí.

9. TVE debería estar orgullosa y no dubitativa. Ahora sería nefasto marear buscando cambios radicales en la segunda temporada.

10. El día que nuestras cadenas entiendan que en otros países los capítulos no duran un 25% menos por tacañería, habremos dado otro paso adelante. Y eso que en el MdT las tramas casi nunca parecían estiradas. No tiene sentido que la ficción española sea la más larga del mundo.

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