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«The americans», espías como nosotros

«The americans», espías como nosotros

La serie cuenta la vida de dos agentes soviéticos camuflados en Washington bajo la plácida apariencia familiar

D�a 08/05/2016 - 08.09h

El American Film Institute (AFI) puso a «The Americans»en el vértice de las mejores series de 2014. Es verdad que la lista estaba organizada de forma alfabética (y americans va antes que transparent), pero los ojitos que los críticos estadounidenses ponen a la serie de espías ochentenos son muy de estar rendidos. Que en esa lista estuviera la muy chiflada «Cómo defender a un asesino» podría llevar a dudar del criterio de los señores que la hicieron. Pero si hay un título indiscutible en la relación es precisamente «The Americans», donde la recordada Felicity (Keri Russell) da mandobles a agentes del FBI sin la tonta coreografía de «Alias» (en el fondo, ella es más Irina Derevko que Sydney Bristow). Cuando parte la nariz a Richard Thomas (sí, el John-Boy de «Los Walton») sólo le falta decir lo de la Cookie de «Empire»: ?Te estás metiendo con la zorra que no debes?.

Estrenada en 2013 y con la tercera temporada actualmente en emisión en Fox (a horas intempestivas no merecidas) transcurre casi cuando «Con ocho basta» acaba. Poco después de que Ronald Reagan fuera elegido presidente de Estados Unidos. Los Jennings, unos espías soviéticos viviendo en Washington como una vulgar familia americana a principios de los 80, trabajan para que la URSS gane la (todavía existente) Guerra Fría a la vez que crían a sus dos hijos preadolescentes, Paige y Henry, que no saben nada de la identidad de sus padres.

La serie, una coproducción de Fox International y FX, ha ido creciendo conforme avanzaban las temporadas. Ha superado la presión de ser mejor en cada nueva entrega. Podía parecer una versión retro de «Homeland» con un toque de humor del que la producción de Showtime carece (las pelucas y las pintas ayudan). Al fin y al cabo, tiene espías, intriga internacional, burócratas, tensión amorosa? Pero, desde el principio, «The Americans» está mejor planteada. Y no necesariamente porque esté basada, lejanamente, en una historia real.

En junio de 2010 el ?New York Times? informaba de cinco parejas que bajo nombres falsos habían formado parte de una red de espionaje rusa (del S.V.R, el sucesor del KGB) viviendo como americanos en Yonkers, Boston y Virginia (en realidad, los Jennings viven en Falls Churh, Virginia, como los militares de «JAG»). El escritor Joe Weisberg, también creador y productor de «The Americans», recibió la propuesta de un productor de televisión para convertir esa historia en una ficción seriada. No se lo pensó. Como Rusia ya no era un enemigo mortal (Sarah Palin podía verla desde su casa de Alaska sin miedo) pensó que sería mejor centrar la acción en un periodo temporal concreto. Y esa serie de espías soviéticos en la época de Reagan también es una serie sobre el matrimonio. Y sobre la paternidad. Aunque aquí la paternidad casi les ponga en el brete de Abraham teniendo que sacrificar a Isaac. Y aunque su matrimonio sea de conveniencia y concertado (entrenados como espías en los años 60, se les manda a América como matrimonio y para trabajar con la tapadera de ser agentes de viaje). También tienen que mantener otras relaciones, otras vidas dobles, triples, porque así lo exige su trabajo. El de verdad, el que les pagan desde Moscú.

A lo largo de la trama vamos viendo que Philip es menos soviético que Elizabeth. Que cuestiona más las órdenes, sobre todo las que involucran a su familia. «The Americans», una cápsula del tiempo (esa televisión, esos anuncios), es tan buena cuando se dedica al espionaje que cuando se dedica a las relaciones personales. Incluso a las vecinales. El agente contraterrorista del FBI, Stan Beeman, interpretado por Noah Emmerich, es su vecino. La de los Jennings es una vida de secretos y peligros en un tranquilo suburbio de Washington.

Elizabeth y Philip, Kery Russell («Felicity») y Matthew Rhys («Cinco hermanos»), tienen otra cosa en común aparte de su matrimonio de espías soviéticos. Tienen en común a Jane Austen. En 2013 ambos trabajaron en proyectos relacionados con la escritora británica. Kery Russell protagonizó «En tierra de Jane Austen». Interpretaba a una chica obsesionada con «Orgullo y prejuicio» que viaja a un resort inglés especializado en locas por Austen para conocer al caballero perfecto. Matthew Rhys fue Darcy en «La muerte llega a Pemberley», la adaptación televisiva de la novela traviesa con la que P.D. James jugaba a ser Austen después de «Orgullo y prejuicio». Pero con asesinatos y misterios. Como pasa en «The Americans». Aunque esta nada tenga que ver con Austen.

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