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Así iban equipados para la guerra los sanguinarios vikingos

Así iban equipados para la guerra los sanguinarios vikingos

Aprovechando el estreno de la nueva temporada de «Vikingos», ABC repasa desde la forma de combatir de estos guerreros, hasta su armamento más usual

D�a 25/09/2015 - 18.42h

Sanguinarios, feroces y, en definitiva, unos combatientes idílicos dedicados en cuerpo y alma a la lucha que sabían dar de hachazos a su enemigo haciendo uso de su fuerza y su gran envergadura. Esta es la imagen que, en la actualidad, tenemos de los vikingos, esos guerreros del Norte que usaban el robo para alimentar a sus familias y que se hicieron famosos por una ingente cantidad de falsas leyendas ya insertadas en el ideario colectivo. La realidad, sin embargo, es bien diferente, pues la mayoría eran campesinos que participaban en expediciones de saqueo pocas veces al año (nunca soldados profesionales) y usaban tácticas de «guerra sucia» como bajar los pantalones a sus enemigos para que se tropezasen.

A pesar de que, a día de hoy, esta etapa de la historia nórdica está manchada de todo tipo de mentiras generalizadas, lo cierto es que todavía queda un rayo de esperanza gracias a series como «Vikingos». Y es que, este producto ideado para la pequeña pantalla ha mostrado durante decenas de capítulos a millones de espectadores cuál es la verdad sobre estos «bárbaros» con estupendos resultados. Así lo demuestra el que la serie vaya a estrenar este 22 de abril su tercera temporada a las 22:30 de la noche en la cadena TNT España. Una gran noticia para los fans de estos asesinos del norte, quienes podrán disfrutar un año más de personajes como Ragnar Lodbrok o su esposa Latgerta.

Campesinos organizados en clanes

Para encontrar los primeros vestigios de la «era vikinga« -el nombre con el que se agrupa a los diferentes pueblos ubicados en Escandinavia desde el siglo VIII al XI- es necesario remontarnos en el tiempo hasta una fecha concreta. «El tiempo de los vikingos comenzó en junio del año 793 con el asalto al monasterio de Lindisfarne, una comunidad monástica que se encontraba en Inglaterra. Según las sagas, o textos escandinavos, arrasaron con todos los presentes» afirma en declaraciones a ABC Víctor Álvarez, autor de «Los Vikingos. Crónica de una aventura» (Sílex, 2013). Aquella jornada fue guardada con dolor en la memoria de los cristianos, quienes no entendían como era posible que aquellos guerreros pasasen a cuchillo a hombres sin armas.

Sin embargo, y en contra de lo que muestran multitud de películas, aquel ataque que marcó el inicio de la época de los vikingos no fue realizado por soldados que se dedicaran únicamente a la guerra, sino por campesinos escandinavos armados precariamente y que habían salido de su tierra con un objetivo: saquear un pueblo para regresar a sus hogares cargados hasta los topes de oro, joyas y sedas. «Al vikingo hay que desmitificarle, la imagen que nos ha llegado de él está muy distorsionada. Para empezar, no eran guerreros profesionales, sino que eran aldeanos armados enviados por un pequeño jefe local», explica en declaraciones a ABC la historiadora Laia San José Beltrán, autora de «Vikingos. Una guía histórica de la serie de History Channel» (Quarentena Ediciones, 2014), «Quiénes fueron realmente los vikingos» (Quarentena Ediciones, 2015) y el blog especializado «The Valkyrie's Vigil»

En palabras de la experta, tenían además que estar patrocinados por un líder regional adinerado, pues construir un buque era algo imposible de sufragar para un grupo de campesinos. Una vez que alguien les prestaba el dinero, se juntaban conforme a lazos de sangre o amistad y se embarcaban hasta tierras lejanas para robar. Así lo hicieron, al menos, durante la primera parte del siglo. Años después, estos pequeños grupos pasaron a estar más organizados, aunque manteniendo sus estructuras tradicionales. «Posteriormente comenzaron a crear ejércitos un poco más grandes uniendo varios clanes. Un ejemplo claro de esto es el asedio que hicieron a París en el SIX A.C., que se hizo con un contingente medianamente organizado. Otro es el ejército que colonizó parte de Inglaterra el cual, aunque era muy grande, estaba formado por pequeños 'subejércitos' liderados por varios jefes», destaca San José Beltrán.

¿Cuáles eran los objetivos de estos vikingos? Según afirman Álvarez y San José Beltrán, dos. El primero sería viajar hasta poblaciones inhóspitas, saquear tanto como pudiesen en veloces y fugaces ataques y, finalmente, huir antes de la llegada de las fuerzas regulares. Este tipo de combate tenía hasta un nombre sin traducción al español: «strandkogg». El segundo sólo se sucedía en momentos concretos y se basaba más bien en «escapar de las exigencias abusivas de sus jefes y sentirse así libres», según explica Álvarez a ABC. Fuera por el motivo que fuese, lo cierto es que este tipo de combates determinó de forma radical su forma de enfrentarse al enemigo, sus estrategias militares y, como no, el tipo de armamento que portaban.

Un combate condicionado

Para empezar, el dedicarse al pillaje provocó que vieran limitada su capacidad de carga en sus pequeños navíos de guerra (los denominados «Drakkar»), y basaran sus ejércitos en infantería. La razón era sencilla: llevar un caballo a bordo era caro (pues había que alimentarlo) y ocupaba demasiado espacio. «Al hacer ataques relámpago desde barcos, tenían que ir con un equipaje lo más ligero posible, por lo que no portaban ni mucho armamento ni caballos. Además, la caballería fue utilizada principalmente por los romanos, y la romanización no llegó a Escandinavia, así que no se vieron influenciados por esa tendencia», determina la historiadora. A su vez, y como explica San José Beltrán, no les hacía falta, pues no solían enfrentarse a ningún enemigo que usara estos animales.

Con todo, eso no significaba que fueran menos fieros. De hecho, pronto se extendió la leyenda de que asesinaban sin piedad a hombres de fe y atacaban monasterios sin tener ningún respeto por la religión. «En cierto modo se puede entender. Para ellos un monasterio lleno de riquezas es una 'golosina' y no consideraban moralmente reprochable matar monjes. Todo eso fue generando un terror que se extendió y les fue granjeando una reputación nefasta. Así, cuando asediaron París, al rey prefirió pagarles a comprobar si lo que se decía de ellos era cierto», destaca San José Beltrán. Así fue como se puso de moda la famosa frase «A furore normannorum libera nos, Domine» («De la furia de los hombres del norte líbranos señor) en las oraciones de los clérigos.

Otra de sus características es que, como la mayoría eran campesinos que no se dedicaban profesionalmente a la guerra, se equipaban con aquello que podían pagar. Esto hacía que cada uno fuese a la batalla con armas diferentes y, por supuesto, impedía que se formaran cuerpos independientes de soldados equipados con un único tipo de arma (cosa que si sucedía, por ejemplo, en las legiones romanas). «No diferenciaban entre tipos de tropas como arqueros, espadachines o lanceros. Cada uno partía con lo que podía permitirse y posteriormente se unían. Se podría decir que se pertrechaban en base a su estatus», completa la autora.

El «Valhalla», una vida dedicada a la guerra

Pero? ¿Por qué eran tan fieros? San José Beltrán afirma que, a pesar de que eran en su mayor parte campesinos, su valentía en el combate les venía imbuida por la forma en la que habían sido educados. Y es que la religión nórdica afirmaba que, tras su muerte, estos guerreros del norte sólo podrían acceder al «Valhalla» (el paraíso vikingo) si combatían de forma heroica y no mostraban terror ante el enemigo. «Para los vikingos el destino y el día de su muerte estaban escritos. Como tenían asumido que iban a caer cuando los dioses lo hubieran establecido, preferían hacerlo de una forma heroica para acudir al 'Valhalla', el lugar que sería equivalente al cielo cristiano», determina la experta.

Esta mentalidad tan diferente de la cristiana hacía que, en el resto de Europa, no entendiesen el por qué de su fiereza en combate, la cual les consiguió una fama de la que se aprovecharon. A su vez, entendían que cualquier hombre (fuera soldado o no) podía ser un enemigo, por lo que atacaban y acababan con todo aquel que se pusiese frente a ellos y pudiera suponer un peligro.

El enfrentamiento contra enemigos organizados

Otra de las ideas equivocadas sobre los vikingos y su forma de combatir es que siempre buscaban el enfrentamiento. Esto era algo totalmente falso pues, en muchos casos, aceptaban encantados dinero u objetos de uso cotidiano a cambio de marcharse (un impuesto que era conocido como «Danegeld»). De hecho, siempre solían evitar el enfrentamiento directo como primera opción contra contingentes organizados. Y es que, aunque eran temibles, no eran precisamente poco avispados y eran conscientes de que, en muchos casos, el número de hombres con el que contaban era reducido.

Con todo, si se encontraban con una formación de guerreros enemigos que rehusaba pagarles y creían que podían vencer, comenzaban su «ritual» de lucha. En primer lugar, trataban de amedrentar al contrario con improperios verbales. «Las sagas nos cuentan que a los vikingos, lo de insultar al enemigo les gustaba y lo hacían bastante a menudo. Realmente el enemigo no les entendía, pero hay que imaginarse la situación. Un contingente que se encuentra con un tipo hablando nórdico antiguo (que suena brusco), y golpea sus armas contra su escudo es intimidante. Los enemigos se planteaban entonces si les interesaba atacarles o no», añade San José Beltrán.

Si estos gritos no imbuían miedo en el contrario, lanzaban una lluvia de proyectiles sobre su enemigo para que este se pensara dos veces si combatir o no. Finalmente, si llegaba el momento de darse de espadazos, las dos formaciones chocaban entre sí. «Los vikingos combatían en una formación cerrada de escudos en la que cada uno se cubría así mismo y al que estaba a su lado. Formaban en una especie de cuña o formación en 'V' llamada 'posición de hocico de verraco' ('Svinfylking') que era muy efectiva», destaca la experta.

A su vez, cuando se hallaban metidos hasta la rodilla en el combate cuerpo a cuerpo, aplicaban la regla del «todo vale» para vencer. «Tenemos la imagen de los vikingos como guerreros absolutamente preparados, dedicados a la guerra y expertos en armamento, pero esta idea no es cierta completamente. En las sagas se nos cuenta que el juego sucio estaba a la orden del día. Entre sus prácticas estaba, por ejemplo, bajar los pantalones al enemigo para que se tropezase, hacerle zancadillas, tirarle del pelo o insultarle», completa la historiadora.

Armamento ofensivo

-Hachas

Las armas más conocidas de los vikingos eran las hachas. Sin embargo, eso no significa que hicieran uso de ellas si podían tener acceso a una buena espada, pero las utilizaban ampliamente debido a que eran sencillas de fabricar, efectivas y servían además para realizar una parte de las labores de la granja. Eran, en definitiva, un arma y una herramienta. Los escandinavos tenían varios tipos, cada una con diferentes objetivos:

1-Hachas pequeñas. Las usaban a una mano para golpear por debajo del escudo al enemigo.

2-Hachas arrojadizas que se lanzaban desde la lejanía a los contrarios. No eran demasiado grandes y podían atarse sin molestia alguna al cinto.

3-Hachas danesas. Gigantescas armas a dos manos de entre un metro y medio y dos metros de alto. «Era un hacha más mortal por su peso, pero hay que tener en cuenta que, al levantarla para asestar el golpe, dejaba a su portador con el pecho descubierto. Por ello, tenía que usarla alguien con la destreza y la rapidez suficiente para evitar las armas enemigas y para replegarse cuando le fueran a herir», destaca San José Beltrán.

4-Hachas «barbudas». Eran armas con una hoja en forma de gancho que, como señala la historiadora, no servían para golpear, sino para arrancar el escudo al enemigo, abrir su formación, y desarmarle. Esta arma era llamada «Skeggöx» (barba).

5-«Snaghyrndöx» o hacha con cuernos. En palabras de la experta, contaba con un par de puntas en la hoja que permitía que fuese utilizada como hacha y como pica.

Arcos

A pesar de lo que nos muestran las películas, los vikingos no solo vencían a sus enemigos aporreándoles, sino que también utilizaban arcos para acabar con ellos desde la lejanía. Con todo, los elaboraban de forma muy sencilla. Su principal característica era que se disparaban desde la cintura, y no desde la altura de los ojos. Nuevamente, y al igual que las hachas, se utilizaban debido a que eran muy útiles para cazar una presa entre combate y combate.

«Tenían varios tipos de puntas flecha entre las que destacaban las más finas (para atravesar cotas de malla) y las que estaban pensadas para no poder sacarse después de impactar o, en el caso de que se extrajeran, que causaran un gran daño. El arco se usaba para ataques muy concretos en las que no utilizaban formaciones cerradas. Es cierto que en la formación 'hocico de verraco' se podían introducir arcos en segunda línea para ir diezmando al enemigo, pero no era lo normal en los vikingos», determina San José Beltrán.

Lanzas

En contra de lo que se suele pensar, la lanza era un arma manejada ampliamente por los vikingos. La razón era sencilla: eran baratas de elaborar y no era necesario adiestrar en gran medida a su portador para que diese con ella buena cuenta de un enemigo. Lo mismo sucedía con su fabricación, la cual no suponía una dificultad para cualquier herrero de tres al cuarto que hubiese empezado en el oficio hacía poco.

A su vez, destacaban por su tamaño y su versatilidad. «Podían llegar a alcanzar los dos metros y eran muy útiles en los 'muros de escudos' ('Skjaldborg') para atacar al enemigo desde segunda línea», completa la historiadora española.

Al igual que con las flechas, los guerreros del norte utilizaban varias puntas de lanza entre las que destacaban las «krókspjót» (ideadas para cortar al adversario por ser más pesadas y más anchas) y las «höggspjót» (perfectas para ser lanzadas como una jabalina). Esta última tenía, en ocasiones, una curiosa función: «Las sagas cuentan que, para declarar la guerra o hacer que comenzara la batalla, los vikingos arrojaban una lanza a los pies de la formación enemiga. Si respondían, es que empezaba la lucha. Además servía para invocar a Odín y que estuviera de su parte ese día», destaca San José Beltrán.

Espadas

Las espadas fueron las armas preferidas por los vikingos, pero no se usaron mucho debido a que su precio y a que su fabricación requería de una gran habilidad por parte de los armeros locales. Esto provocaba que fueran portadas únicamente por los jefes locales. Aquellos que únicamente salían de saqueo una o dos veces al año, se limitaban a armarse con un hacha.

«Como el acero de su tierra era de muy mala calidad, los vikingos importaban el franco ?que era mucho mejor- y le añadían su propia empuñadura. La espada vikinga era una deformación del 'gladius' con un filo de 90 cm de largo. Se cogía a una mano (no había a dos) y pesaba aproximadamente 1 kilo y 200 gramos. Era, por lo tanto, bastante liviana», determina la historiadora.

Cuchillos

Los cuchillos eran armas ampliamente utilizadas por estos asesinos del norte para realizar tareas tan cotidianas como cortar la carne (pues no tenían cubiertos). Su función en batalla era, en el caso de los más adinerados, sustituir a la espada si la perdían y, en el caso de los combatientes más pobres, ser utilizada como arma principal. Los escandinavos contaban, principalmente, con tres tipos:

1-El «knifr». Pequeño cuchillo de un solo filo muy barato.

2-«Seax». Un cuchillo corto, pero ideal para ser introducido entre los escudos enemigos durante una batalla.

3-«Langseax». Un arma algo más corta que una espada, pero con cierta envergadura.

Armamento defensivo

Escudos

Además de atacar hasta la saciedad, y a pesar de que estaban llamados al «Valhalla», los «crueles asesinos del norte» no deseaban acabar muertos, por lo que se equipaban con multitud de elementos defensivos. Entre ellos, el más barato era el escudo de madera, el cual portaban todos por lo fácil que era de construir y la relativa protección que ofrecía. «Utilizaban principalmente un escudo circular de 90 centímetros de diámetro. Estaba elaborado en madera de tejo (la más sencilla de encontrar en la región) y era remachado con cuero endurecido», completa la autora.

A su vez, y tal y como señala San José Beltrán, contaban con una pequeña pieza de metal en el centro llamada «umbo» con un doble objetivo: evitar que el escudo se rompiese y proteger la mano del portador en el caso de que un arma lograra atravesar la madera. «Se sabe que algunos estaban pintados con los colores de su clan, cosa que también se hacía con las hachas, las espadas y los 'Sax', era un elemento de distinción y que implicaba riqueza», afirma la historiadora.

Yelmos o cascos

Uno de los elementos más caros a la hora de armarse eran las prendas de cabeza metálicas, lo que hacía que solo fuesen portadas por vikingos con una considerable capacidad económica. A pesar de ello, sí se usaron cascos cónicos con nasal (una pequeña protección para la nariz). En el caso de los yelmos no sucedía lo mismo, pues eran muy difíciles de elaborar y era necesario abrir mucho la bolsa para poder pagarlos.

«Otros yelmos de esta época que pudieron utilizar los vikingos fueron los llamados 'Wenceslas', parecidos a los representados en el tapiz de Bayeux, y similares a los cónicos o 'spangenhelm'. Y aún existen otros dos yelmos que deberíamos mencionar, el de 'Valsgarde' (del periodo sueco previkingo, situado entre el año 550 y el 793) y el de 'Sutton Hoo'. El primero es muy conocido y se suele asociar a los hombres del norte y, el segundo, está fabricado en hierro y adornado con paneles de bronce con una máscara que cubre toda la cara, así como un 'guardacuellos' y con una riquísima decoración cubriendo toda la superficie. Ambos, lo más probable, eran ceremoniales», completa la experta.

Cotas de malla y armaduras de láminas

Finalmente, los guerreros del norte más adinerados también contaban con cotas de malla (camisas elaboradas con pequeñas anillas de metal entrelazadas). Sin duda, unas protecciones idóneas ante las armas enemigas pero que, nuevamente, no eran muy utilizadas debido a su peso (entre 10 y 12 kilogramos) y a que eran costosas de fabricar. Por ello, los vikingos apostaban por ligeros petos de cuero endurecido que les permitiesen robar a sus anchas.

«Hay que tener en cuenta que, si vas a caballo, la cota de malla no molesta y no se hace pesada. Sin embargo, si el combatiente va a pie impide el movimiento. Como hacían ataques relámpago sobre monasterios u otros asentamientos, no podían ir cargados con demasiados objetos sobre su cuerpo. Además, como normalmente atacaban poblaciones indefensas, no la necesitaban», determina San José Beltrán. Aquellos que portaban cotas de malla, a su vez, solían hacer que se las fabricasen más pequeñas que las habituales (sin mangas y que llegasen solo hasta las rodillas) para que no fueran tan pesadas

El equipo de un guerrero vikingo en base a su economía

1-Guerrero de clase alta o líder

Armas ofensivas:

-Espada.

-Hacha (al cinto).

-Cuchillo (al cinto).

Armas defensivas

-Casco o yelmo con nasal.

-Cota de malla o peto de cuero.

-Escudo.

2-Guerrero de capacidad económica media

Armas ofensivas:

-Hacha danesa.

-Lanza (colgada).

-Cuchillo (al cinto).

Armas defensivas

-Casco con nasal.

-Peto de cuero.

-Escudo.

3-Guerro de clase baja

Armas ofensivas:

-Hacha o cuchillo.

Armas defensivas

-Escudo.

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