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Un paseo por la historia de «Cuarto Milenio» de la mano de Íker Jiménez

Un paseo por la historia de «Cuarto Milenio» de la mano de Íker Jiménez

El Palacio de Linares (Madrid) acoge la exposición de la serie hasta el próximo 26 de abril

D�a 23/04/2015 - 19.20h

¿Qué no es misterio?, se pregunta Íker Jiménez mientras pide silencio y algo de música de fondo para empezar el recorrido por su nueva nave del misterio, la exposición de su programa, «Cuarto Milenio» (Cuatro), que estará en el Palacio de Linares (Madrid) hasta el próximo 26 de abril. La muestra incluye más de 500 piezas, que reproducen los principales enigmas del decano espacio de fenómenos paranormales, desde las caras de Bélmez hasta la momia de Prim, pasando por figuras de vampiros, chamanes, muñecos diabólicos, criaturas imposibles y animales extinguidos.

«Lo importante no es que dé miedo, mi objetivo es que la gente salga contenta, que la exposición les despierte interés, una vocación», subraya Íker Jiménez, feliz por haber encontrado un lugar tan mágico como el Palacio de Linares, ante cuyas verjas rondaba a los 17 años buscando el misticismo de la leyenda negra que envolvía a la que es hoy la Casa de América. «Yo no quiero ser embajador del miedo. En la exposición hay cosas macabras, pero forman parte de nuestra historia. Embajador del miedo podría ser Chicho Ibáñez Serrador, que era un genio y hablaba de historias para no dormir, que ojalá volvieran a la televisión. Mi objetivo con el programa es que el miedo sea una oportunidad de aprender algo que no sabías», añade el periodista, que ya ha conseguido vender 27.000 entradas, más del 75 por ciento del total a la venta. Ana Bustamante, directora del área comercial, cuenta que el día que salieron a la venta vendió más que Alejandro Sanz.

Las caras de Bélmez

Este viaje comienza en las caras de Bélmez, el misterio español por excelencia. La exposición reproduce al milímetro, gracias a las obras de Juan Villa, la casa donde aparecieron las cambiantes figuras, «sobre las que un análisis científico aseguró que no había nada añadido, no había fraude», explica Íker Jiménez, acostumbrado a moverse desde niño entre enigmas, ya que su padre era pintor y creció en el «mágico mundo de los anticuarios» del barrio gótico de Vitoria.

La siguiente sala es la criptozona, un área con animales extinguidos y criaturas desconocidas, y la zona de los visitantes. De hecho, el propio Íker relató que durante un viaje por la noche a Valencia, con su mujer y compañera, Carmen Porter, y la hija de ambos, vio en el cielo una especie de esfera pulida que se colocó delante del coche. «Te planteas si después de tanto tiempo estás viendo algo, y te surge un miedo que es muy distinto al normal», relata.

Después, el recorrido continúa por la zona de los clásicos, muñecos malditos (incluida la de la terrorífica película de Annabelle), vampiros, momias, entre las que destaca una reproducción de la momia de Prim, el área CSI, con «un homenaje a la mente» protagonizado por misterios de la neurocirugía, investigaciones forenses como la que plantearon en el programa sobre Jesucristo. El final del camino se centra en los enigmas de la prehistoria, los chamanes, las primeras máscaras, las pinturas rupestres. «El arte antiguo no era un arte de decoración, era un arte de comunicación con el más allá», señala el presentador.

Máster en misterio

La exposición se completa con tres noches temáticas, «prácticamente un máster en misterio», bromean los organizadores, en las que mil asistentes (vendió todas las entradas el día que se pusieron a la venta) se sumergirán con Íker Jiménez, a través de charlas y piezas audiovisuales, «en una especie de viaje onírico para conocer cosas tan reales como lo que a veces consideramos realidad», añade el cicerone.

La clave del éxito del programa, que está a punto de celebrar sus 400 emisiones con un millón de seguidores, es, según su presentador, el entusiasmo -«Soy capaz de convencer a la gente que piensa que esto es una locura para que se queden conmigo un rato», confiesa- y tomarse el misterio como algo serio y no como un entretenimiento. «Nuestra lucha es que el misterio no se convierta en un cachondeo. A mí hace años me ofrecieron una sección en ?Crónicas marcianas? y la rechacé, porque no me gustaba cómo hacían las cosas. Yo nunca me voy a reír de ningún testigo. El verdadero peligro en este ámbito es convertirte en un payasete», concluye el presentador.

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