ABC.es

laGuíaTV

patrocinado por .
«The Royals» no es una marca de flan

«The Royals» no es una marca de flan

La comedia se centra en la vida de una ficticia familia real británica

Día 12/05/2015 - 11.57h

La misma cadena estadounidense que convirtió a las Kardashian en estrellas lanzó en marzo «The Royals», una serie sobre una ficticia (y muy guapa) familia real británica. Dos meses antes de que se estrenara ya se había renovado para una segunda temporada. «The Royals», creada por Mark Schwahn, de «One Three Hill», y producida por Lionsgate, vuelve a demostrar esa loca afición que los americanos tienen por los Windsor. Pero también por lo británico en general. Por lo británico que había en «Arriba y abajo» y hay en «Downton Abbey».

Pero la primera serie de la cadena E! con guión nada tiene que ver con esa televisión de calidad. Ni tampoco con tantas producciones de la nueva era dorada de la televisión. Frente a la brillantez, televisión cochambre (pero bien hecha). Frente a la grandilocuencia y el gafapastismo, diversión. No es una comedia, pero resulta una comedia. Un nuevo placer culpable. Pero, vaya, que «Scandal» o «Empire» son «True Detective» al lado de esto.

La primera vez que oí hablar de la serie pensé que iba a ser una parodia. No lo ha sido. Al menos intencionadamente. Pero sí un poco. Nada de aproximarse a la familia real con el realismo de Stephen Frears en «La reina». Esto es más de «Gossip Girl» y de «Real Housewives». Más de «Princesa por sorpresa» y de «Dinastía». En esta, Amanda Carrington, aquella hija que le salió de pronto a Blake, se casaba con Michael de Moldavia, el príncipe de un país ficticio (interpretado por Michael Praed, que fue novio de Espido Freire). El tipo llevaba el mismo uniforme que Carlos de Inglaterra en su boda con Lady Diana. En «The Royals» todos esos uniformes se pueden usar sin reparo. Además, la princesa Eleanor (Alexandra Park), bebe, toma drogas y duerme por ahí (es una Fallon Carrington con iPhone). «The Royals» se empeña en mostrar el mal comportamiento tras las puertas de palacio. Un comportamiento de gente rica y vulgar que convive (si es posible) con la mística y las tradiciones que han hecho sobrevivir a la monarquía británica.

En «Notas sobre el Camp», Susan Sontag decía que el camp era, fundamentalmente, «una seriedad que fracasa». «The Royals» se toma tan en serio como «Kings», aquella locura protagonizada por Ian McShane en la que era el rey Silas de Gilboa (época actual pero realidad alternativa). La historia, pese a las reminiscencias al rey David, bebía de Shakespeare. En «The Royals», los títulos de los episodios son líneas de «Hamlet». Pero que la reina sea Elizabeth Hurley y su madre, Joan Collins, es una línea de comedia. Es verdad que, como diría Jordi Costa en «Mundo Bulldog», la basura fresca huele y esta de «The Royals» ya es bastante digerible, pero en el futuro hincaremos el diente a la serie con mucho más placer

Elizabeth Hurley es tan guapa como mala actriz Y tiene que agradecer que sus diálogos estén escritos para destacar entre los demás: «Mi hija, la princesa, comportándose como una puta común». Lo de común debe de ser lo peor. Y a la joven princesa: «Eres una zorra». Hurley es, sin duda, lo mejor/peor de «The Royals». Madre de príncipes juerguistas, madre de un príncipe muerto en combate y mujer de un rey (Vincent Regan) que quiere la abolición de la monarquía. Cuando el heredero muere, los otros dos hijos (Liam y Eleanor) tratan de demostrar que son los mejores. Y entonces tenemos «Empire» «Juego de tronos» y «Dallas». La parte más cómica viene de parte de la reina Helena (Hurley), empeñada en conservar su poder. Ya digo que, al menos, tiene las mejores líneas de diálogo: «Déjame que te cuente mi semana. La vagina de mi hija ha salido en no menos de cuatro tabloides. Mi hijo ha sido asesinado. Mi marido anuncia que quiere abolir la única vida que he conocido. Y su ayuda de cámara casi me ve el?» (lo que rima con moño).

A esta familia real ficticia se la trata, pese a los fastos exteriores, como a cualquier famoso (al fin y al cabo, E! se dedica a eso; también a ponerlos verdes con su «Fashion Police»). Pero hay una ligera reflexión sobre el poder, el estatus y cómo esa situación está cambiando. Ligerísima reflexión, que la parte chusca tiene más peso. Sólo hay que ir al título nobiliario de Joan Collins. En la vida real, la actriz de 81 años es dama del Imperio Británico. En «The Royals» es la gran duquesa de Oxford. Peor habría sido gran duquesa de Stonehenge.

El palacio de Mambrú

Los protagonistas de «The Royals» no viven en Buckingham, ni en Saint James, ni en Clarence House, ni en Kensington. El palacio que sirve de localización es Blenheim Palace, en Oxfordshire, la principal residencia de los duques de Marlborough. El único edificio en el Reino Unido que sin ser residencia real o episcopal tiene la calificación de palacio. El lugar de nacimiento de Churchill es un habitual del cine. Ha aparecido en «Barry Lyndon» (1975) y en «Greystoke» (1984). En «Indiana Jones y la última cruzada» (2007) y en «Cenicienta» (2015).

Blenheim fue construido entre 1705 y 1722 en el lugar que había ocupado el Palacio de Woodstock y como agradecimiento, en principio, por parte de la reina Ana al duque de Marlborough después de sus victorias contra Luis XIV, sobre todo por la batalla de Höchstädt, también llamada de Blenheim. Irónicamente, después de su matrimonio con la millonaria americana Consuelo Vanderbilt en 1895, el noveno duque de Marlborough redecoró las principales habitaciones con estilo Luis XIV. La vida de Consuelo Vanderbilt sí daría para una serie. Con su loca madre dándole latigazos y con ella misma enfrentándose al aristocrático mayordomo de Blenheim, que se ofendió cuando le pidió que encendiera la chimenea (en lugar de pedírselo a un lacayo). La encendió ella misma. Seguramente Elizabeth Hurley no lo habría hecho.

Comentarios