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«Orange is the new black»: reír y morir entre rejas

«Orange is the new black»: reír y morir entre rejas

Se ha estrenado en Canal+ Series la tercera temporada de la serie, la más importante de Netflix, compañía a punto de desembarcar en España

Día 14/06/2015 - 04.37h

La peripecia del destornillador sirve para explicar «Orange is the new black». Su tono. La tercera temporada, que volvió ayer a Canal+ Series (un día después que a EE.UU.), va a ser más cómica que la segunda. No extraña que tengan esos problemas en los Emmy: no saben si presentarse a drama o a comedia. Pero el humor siempre ha estado ahí. Es una comedia negra. Naranja. El humor está en el destornillador, por ejemplo. Uno que desaparece del taller donde trabaja Piper (Taylor Schilling), la protagonista, en la primera temporada. Un destornillador en una cárcel. La que custodia las herramientas es enviada a aislamiento. Todos buscan la potencial arma. Piper se da cuenta de que lo lleva en el bolsillo pero ya no se va a poner a explicar el lío. Su compañera de celda lo esconde. Y cae en las manos de Big Boo (Lea De Laria, que pese al bonito nombre es una señora lesbiana gorda de tipología camionera). A Big Boo se le pasa por la cabeza vengarse de alguien pero lo olvida. Y utiliza el destornillador para lo mismo que Victoria Abril al submarinista en «Átame» (el manual de uso es distinto). El arma peligrosa como instrumento de placer. Nada escabroso. Una escena cómica.

La serie estadounidense está basada en el libro biográfico de Piper Kerman («Orange is the new black. Crónica de mi año en una prisión federal de mujeres»). En el texto hay una trama con un destornillador, pero en la serie se hace algo totalmente distinto. Por eso Kenji KohanWeeds») es la creadora de la serie. De verdad. Porque pese a tener la percha de unas memorias carcelarias, ha conseguido armar un acontecimiento televisivo. «House of cards», que se estrenó en febrero de 2013, fue la primera serie importante de Netflix. Pero la estrella de la cadena es «Orange is the new black», que se estrenó en julio de 2013. No sólo por el movimiento fan que genera (sobre todo entre ese mujerío que se pone monos naranjas igual que otros se visten de trekkies o de Jon Nieve) sino porque ha puesto en la televisión a mujeres haciendo cosas que no habíamos visto que hicieran. También por toda esa diversidad. Es una serie de (o con) mujeres. Pero con mujeres de todas clases: pijas, negras, guapas, feas, latinas, rusas, lesbianas? Una serie que trata con naturalidad el racismo, las injusticias del sistema penitenciario norteamericano (con funcionarios hombres en prisiones femeninas), el abuso de poder o la corrupción policial.

Claro que «Orange is the new black» (OITNB) no inauguró el género women in prison. Ni siquiera en la televisión. Ya estaba la británica «Bad Girls», que se emitió de 1999 a 2006. Y en el cine tenemos a Eleanor Parker en «Sin remisión» o a Mercedes McCambridge en «99 mujeres», esa maravilla loca de Jess Franco. Y podemos irnos a las telenovelas, donde la trama carcelaria no es extraña (ahí está «Inés Duarte, secretaria»). Pero ninguna de esas tiene la gracia de OITNB. Tampoco la tiene «Vis a vis», nacida a rebufo del éxito de OITNB. Puestos a homenajear hasta se han puesto un «capitanpescanoviano» uniforme amarillo, cuando todos sabemos que en las cárceles españolas van vestidas como en «Tacones lejanos» (aunque no bailen «Pecadora» en el patio). Es verdad que el género wip (women in prison) es un estereotipo, pero lo bueno de OITNB es que lo tritura. El interior de la prisión de Litchfield es otra cosa. Es la vida.

Si a Eleanor Parker y a Macarena (la de «Vis a vis») las metieron en la cárcel por culpa de un hombre, a Piper la meten por culpa de una mujer. 15 meses. Sin comida del Whole Foods, sin zapatillas Toms. O la meten por culpa suya pero por haber mantenido una relación con Alex (Laura Prepon), traficante de droga que también coincide con ella en la prisión de Litchfield. En la segunda temporada casi no apareció, pero vuelve en la tercera. Y se incorporan la supermodelo australiana Ruby Rose y Mary Steenburger (como madre del carcelero Mendez, Pablo Schreiber).

Reparto en alza

Una de las virtudes de OITNB es su reparto. Cuando se estrenó era casi desconocido. Incluso Kate Mulgrew (Red), la capitán Janeway de «Star Trek: Voyager», estaba irreconocible. Pero los descubrimientos han sido muchos. Especialmente el de Uzo Adubae (Crazy Eyes) y el de Laverne Cox, convertida en un personaje y en símbolo de la transexualidad. Su vida anterior como hombre está interpretada por su hermano gemelo. Los flashbacks son fundamentales en la serie (como lo eran en «Perdidos»). Conocemos a las presas y el ambiente carcelario no se hace agobiante. Por eso OITNB está más cerca de «Weeds» que de «Oz». Pero en la concepción general está incluso cerca de Dickens: denuncias del sistema, gentuza, nombres caprichosos (Poussey, Crazy Eyes, Taystee), la malvada directora de la prisión enriqueciéndose a costa de los pobres... La vida, ya digo.

Lea DeLaria ha contado su más famosa interacción con los fans. Un día por la calle una mujer le pidió que le firmara un destornillador (¿dónde se firma un destornillador?). Pero es que lleva firmados ya más de 50. «¿De dónde salen todos esos destornilladores? Las mujeres los llevan en el bolso. ¿Son un nuevo accesorio?», se sorprende la actriz. En la segunda temporada, Big Boo hace lo que se supone que Ricky Martin contempló en «Sorpresa, sorpresa». El perro se llama Litlle Boo.

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