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Así fue el regreso de Carlos Herrera a COPE

Así fue el regreso de Carlos Herrera a COPE

El periodista tiró de agenda y habló en directo con Don Juan Carlos, José María Aznar, Pedro Sánchez y Francisco Rivera

D�a 01/09/2015 - 19.55h

El pitido horario de las seis, o la alarma, o el canto de un gallo, quien tuviera gallo. Y Herrera, como un clavo: «Señoras, señores, me alegro, buenos días». Pocos cambios podía haber cuando sus oyentes se conocen todas sus frases y las van diciendo en voz alta mientras se cepillan los dientes o preparan el café.

Carlos Herrera iniciaba su tercera etapa en la COPE después de haber estado en 1983 y 1992. Puso documentos sonoros de las dos épocas. En la voz del primer Herrera se notaba una frescura que igual era la de todos.

Nada más empezar, Herrera hizo su declaración de intenciones: «No será este programa un lugar de influencia, ni un hisopo evangelizador, ni una maquinaria de ajuste de cuentas, ni una pasarela de lucimientos». Entre los «tristes» y los «jocundos», estar en el sitio, «a favor de los lunes, contra todos los viernes, contra la mantequilla y los camastrones».

Cuando terminaba de decir esas palabras, HerreraEnCOPE ya era TT, las fans de cincuenta años le tuiteaban piropos y sonaba «He vuelto», el himno de El Barrio.

El tramo informativo del programa, de seis a ocho, no presenta grandes diferencias. Lectura de titulares de prensa y dos rondas de noticias por hora. Leen dos locutores, hombre y mujer, y en el último cuarto de hora aparece Goyo González, con una voz de aires FM y un espacio dedicado a las redes sociales. Los fósforos se adelantan y ya van dejando sus mensajes.

La información deportiva es para Juan Antonio Alcalá, que, pudiendo utilizar dadaísta, kafkiano o chiripitifláutico, repitió varias veces la palabra «surrealista» para referirse al Real Madrid.

Aparece Luis del Val, con su imagen del día y violines de fondo, y Carlos Herrera va deslizando algún comentario editorial. Por ser el primer día, estuvo sobre todo reflexivo, con una voz quizás más matizada, más personal.

Antes de las ocho ya no es Alcalá el que da el parte deportivo, sino Naranjo. Cambia aquí el acento y se oyen los chistes béticos. Primeras carcajadas, disfruta Herrera.

Como si se tratase de un cantaor necesitado de cuadro flamenco, Herrera no es lo mismo sin otras voces sevillanas. Luis del Val lo hace bien, pero se echa de menos a Barbeito, diga lo que diga Barbeito.

Pero esto es solo el principio. A medida que pasen los días es probable que los colaboradores vayan jugando con su acento. ¿No es Herrera un maestro en eso?

El programa se desarrolló con normalidad hasta las ocho. Llegados a este punto, Herrera tiró de agenda y dio un puñetazo de convocatoria, un puñetazo que retumbaría en todas las mesas radiofónicas de la mañana.

Al teléfono, Su Majestad D. Juan Carlos I, el primer Fósforo. «Me encuentro divinamente», dijo, y elogió al Rey. «Tenemos un gran Rey, pero es que, como padre, algo me tira». Después, José María Aznar y posteriormente Pedro Sánchez desde Lima, que fue muy decepcionante, porque el oyente ya esperaba a Amancio Ortega o a la Pantoja desde el presidio.

La fase tertuliana no presenta cambios respecto a su programa en Onda Cero. En el remozado estudio, una pecera con tonalidades de disco-pub, los tertulianos parecían cardamomos en un enorme gin tonic. Había euforia, alegría. Ángel Expósito se hacía un selfie y Santiago González citaba a Dorothy Malone.

Las novedades son el espacio de Sostres, Hotel Cataluña, que durará hasta las elecciones catalanas y las intervenciones de Luis del Val, que da otra pincelada entrada la mañana.

Finalizada la información y lo institucional llega el Herrera mas divertido. El magazín y la hora de los fósforos. Le acompañan Naranjo, Goyo González y María José Navarro, que tanteó con humor al Herrera escatológico.

Los oyentes estaban entusiasmados. «Soy fósfora desde antes de que salieras en la radio», le dijo una antes de relatar su fístula anal.

Se estrenó la nueva versión de la clásica sintonía (con origen en COPE) de Manuel Marvizón. La misma, pero con renovados vientos.

A partir de las once, un espacio breve de Manolo Lama. Coincidencia en COPE de comunicadores de enorme popularidad que Herrera resuelve con autoridad vocal.

Y luego Sostres, de nuevo, que hablando de lujo es lo más parecido a Josemi que queda en el programa. Divertido, dejó a Soria en capital del lujo y Herrera enunció la teoría de las ciudades con letra ese. Naranjo quizás hubiese añadido: ¡Sinsinati!

Y aún quedaba la entrevista a Francisco Rivera después de la cogida y la paternidad. Pena del teléfono, que fallaba y dejó la conversación colgada en mitad de una escena solanesca: «Juan José Padilla, el maestro, me ayudaba a recoger mis tripas».

No quedaba nadie por entrevistar, ni más mañana.

Herrera y su nueva cuadrilla se iban cantando en holandés una canción eurovisiva. Las cantaditas de siempre y el «¿qué vais a hacer hoy?», como si el día, tras seis horas de radio, estuviese empezando.

«Locutor de ustedes, Herrera Carlos».

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