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La historia de amor prohibido entre Carlos y Germana de Foix

La historia de amor prohibido entre Carlos y Germana de Foix

La atractiva joven de 29 años, abuelastra del Rey, fue su amante hasta que se casó de nuevo

D�a 15/09/2015 - 19.14h

El último capítulo de «Carlos» profundizó en la primera gran historia de amor del Rey el primera amor del rey, su abuelastra Germana de Foix (1488 ? 1538). Esta aristócrata francesa se casó a los 18 años con Fernando el Católico, que por aquel entonces tenía 53 años, para concluir las numerosas guerras que había con el país vecino.

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El atractivo de la joven, según los historiadores, pudo ser casi mortal para Fernando, ya que algunos creen que usaba potentes viagras como «la mosca española» o testículos de toro para engendrar un hijo con su segunda esposa. El abuso de esta sustancia, según algunos historiadores, acabó por quebrar la estropeada salud del Rey. Tras el fallecimiento del católico monarca sin tener descendencia con Germana -la reina dio a luz a un niño, Juan de Aragón, en 1509, pero falleció a las pocas horas-, la viuda se trasladó a Castilla.

Fernando de Aragón dejó escrito en una carta a su nieto Carlos que cuidase de su mujer, «pues no le queda, después de Dios, otro remedio sino sólo vos...». Palabras que Carlos I se tomó al pie de la letra. Cuando llegó a Castilla con 17 años pronto congenió con Germana, y no solo por su atractivo, sino también porque ambos hablaban francés. Además, aunque la serie no lo refleje así, las diferencia de edad entre ellos no eran tan grandes: ella tenía 29 años y él 17 años.

De hecho, algunos historiadores afirman que ordenó que se construyera un puente de madera entre el palacio real en Valladolid y la casona habitada por doña Germana en dicha localidad.

Además, poco después de conocerse, algunas fuentes afirman que Carlos y Germana concibieron una hija, la infanta Isabel de Castilla, que no fue criada por sus padres y de la que no hay muchos datos. De hecho, algunas fuentes apuntan a que esta hija ilegítima no causó problemas entre el Emperador y su mujer, ya que la emperatriz desconocía dicha paternidad o prefería ignorarla.

Sin embargo, estos devaneos amorosos del monarca concluyeron en 1519, cuando el rey casó a Germana de Foix con uno de los magnates alemanes de su séquito: Fernando, duque de Brandeburgo. La joven enviudó y se casó por tercera vez con Fernando, duque de Calabria. Sin embargo, estas bodas no sentaron bien a la joven, que engordó exageradamente y acabó su vida prácticamente obesa.

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