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¿Merece la pena el regreso de «Expediente X»?

¿Merece la pena el regreso de «Expediente X»?

Fox estrena este martes (22.20) la nueva criatura de Chris Carter, de nuevo con David Duchovny y Gillian Anderson al frente. Fue «la serie con la que empezó todo»

Día 26/01/2016 - 14.12h

Al final todo fue cuestión de un beso.

Un beso que millones de personas anhelaron alrededor del mundo durante siete años. Fox Mulder y Dana Scully, dos personas absolutamente distintas, con puntos de vista absolutamente reconciliables, y que estaba absolutamente hechos el uno para el otro, tardaron siete largos años en darse su primer beso de amor. Durante todo ese tiempo, los fans asistieron a la creciente tensión sexual entre ambos protagonistas, deseando que todo estallase de una vez y que reconociesen que la verdad no estaba ahí fuera, sino en la habitación contigua del motel, allá donde su compañero dormía en los descansos escasos que les prestaba su investigación.

«Expediente X», la serie creada por Chris Carter, se comenzó a emitir el 10 de septiembre de 1993, y fue un éxito inmediato en todo el planeta. 12 millones de espectadores asistieron aquella noche al nacimiento de una serie que iba a cambiar la forma en la que consumimos televisión, y que iba a generar la semilla cultural de la que surgiría la Edad de Oro de la televisión.

Los críticos convienen en señalar que el nacimiento del milenio es también el resurgir de una nueva forma de concebir el formato televisivo. Lejos quedan las series con capítulos autoconclusivos, en los que al aparecer los títulos de crédito todo vuelve relativamente a la normalidad con la que arrancaba la sintonía de entrada. Grandes éxitos de los 80 como «El equipo A», «McGyver» o «El coche fantástico», series que todos recordamos con cariñosa nostalgia, viven mejor en el recuerdo que en el revisionado. La manera inocente de tratar los acontecimientos que transcurrían en la pantalla y la liviana manera de flotar por encima de lo que sucedía son insoportables para el espectador actual, que ha elevado su exigencia para los dramas de calidad a los que exige trascendencia.

Hay una pléyade de títulos que se consideran el canon de la nueva forma de entender la narrativa televisiva. «Los Soprano», «The Wire», «Breaking Bad», «Juego de Tronos», «Mad Men» y «Lost» son las series con las que el «target» comercial que buscan las cadenas (jóvenes profesionales entre los 25 y los 45 años, con elevado poder adquisitivo) se ha iniciado en el consumo de contenidos seriados. Hoy en día las series donde los protagonistas disparan al suelo para detener a los malos han quedado relegadas al ámbito infantil. Pero no es el sexo y la violencia lo que define una serie de calidad. La fórmula es otra, y esa la inventó Chris Carter.

Scully y Mulder, en otros tiempos no tan lejanos

A lo largo de los 202 episodios que logró mantenerse en antena, «Expediente X» definió una especie de híbrido complejo para los estándares de los 90. Cierto, por un lado teníamos un esquema «procedimental», en el que los protagonistas recibían el encargo de investigar uno de los famosos expedientes X, casos sobrenaturales para los que no había una explicación racional. En marcha hacia algún remoto lugar de los Estados Unidos, muchas veces poblaciones marginales o poco pobladas donde fuese creíble lo narrado, partía el improbable dúo protagonista. Por un lado Fox Mulder (David Duchovny), un agente del FBI inasequible al desaliento, que buscaba una verdad que estaba ahí fuera. En el asiento del copiloto, Dana Scully (Gillian Anderson), una mujer fuerte e independiente, doctora y científica, escéptica e inteligente, cuyo papel inicialmente parecía el de servir de contrapunto al cruzado de la verdad con su cabezonería negacionista. Con este mismo esquema, heredado de Scooby Doo, los protagonistas repetían semana a semana su enfrentamiento con el monstruo de turno, mientras iban poco a poco enamorándose y cambiando su percepción del mundo a base de roce -desgraciadamente para el espectador, solo intelectual-.

Hasta aquí no habría ninguna diferencia con lo propuesto hasta la fecha, pero la genialidad de los creadores de la serie fue la inclusión de un arco narrativo superior, lo que hoy en día se conoce comúnmente entre los guionistas y críticos como «mitología». Una lenta, progresiva inclusión de personajes y elementos que iban indicando que lo que investigaban Mulder y Scully formaba parte de una enorme conspiración que contaminaba las capas superiores del gobierno de los Estados Unidos y cuyo éxito amenaza a toda la población de la Tierra.

Todo comienza con la introducción de El Fumador (William B. Davis), un oscuro personaje que apenas musita cuatro palabras en la primera temporada de la serie, pero que guarda un tenebroso secreto que le hará ir creciendo hasta convertirse en el archienemigo de Fox Mulder a lo largo de la serie.

Si tienen previsto ver Expediente X desde la primera temporada, no sigan leyendo.

El secreto que guarda El Fumador no es otro que la existencia de los alienígenas, que no solo son muy reales, sino también muy hostiles, y que planean recolonizar nuestro planeta, para lo cual evidentemente sobramos. Las intenciones de El Fumador son tan complejas, dan tantas vueltas y generan tantos giros, que el espectador terminó perdiéndose en la maraña de situaciones, pero el mensaje encajó muy bien con la paranoia incipiente de la sociedad de la información, y preparó el terreno para la nueva cultura que habría de producirse tras el 11S. Una sociedad desencantada, sin buenos ni malos, ni héroes ni villanos, en la que la rebeldía contra el poder establecido era representada por los Tony Soprano, Walter White o James McNulty. Incluso los protagonistas que intentaban defender el bien comenzarán a hacerlo saltándose todas las barreras, como Jack Bauer en «24».

«Expediente X» fue la semilla de una nueva forma de comprender la ficción, y también la semilla de una forma de arte que ha elevado a la televisión muy por encima del cine, cada vez más dicotomizado entre el blockbuster descerebrado y el indie que no va a ver ni la madre del director. Ahora, de la mano de Netflix (Movistar+ en España) y tras muchos años de insistencia de los fans, el show ha regresado, y la pregunta es si merece la pena.

Han pasado 14 años, década y media de experiencias y de series cada vez mejores. Tras ver cualquier episodio de la frenética «Sherlock», una de las antiguas investigaciones de Mulder y Scully parece transcurrir en silla de ruedas. Visto el primer episodio de la miniserie, todo en torno a los protagonistas parece haber crecido más de lo que ellos esperaban, y el tono general de estos nuevos Expedientes parece el del cansancio, como una entrañable visita a la residencia de ancianos donde escondieron a la abuela. Hay potencial para el desarrollo y para que vuelvan a conquistar nuestros corazones, pero desde luego ninguno para la sorpresa o la mandíbula desencajada con la que nos dejaban cada semana en los años 90. Si ama mucho la serie, dele una oportunidad, pero cuidado con arruinar los valiosos recuerdos.

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