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Chicho Ibáñez Serrador: 50 años de las «Historias para no dormir» de ese loco de arriba

Tenía 30 años cuando estrenó este programa legendario, que cumple medio siglo. Después dejó los dos rombos para reunir a toda la familia con el «Un, dos, tres...»

Día 10/05/2016 - 07.20h

Alejandro Casona, su maestro, decía a Chicho que todo tiene que ser ameno porque si no, se sigue con dificultad. «Hay que informar y formar con un barniz de entretenimiento, y esa máxima la hice mía durante toda la vida», contaba Ibáñez Serrador a Lorenzo Díaz para uno de sus libros. El viernes 4 de febrero de 1966 (de once y cuarto a doce menos cuarto), el UHF emitía «Embrujada». Justo a la misma hora pero en la primera cadena se estrenaba «Historias para no dormir», después de «El fugitivo» y de «Objetivo indiscreto», programa presentado por Federico Gallo. Pero las noches de los viernes eran habituales para Narciso Ibáñez Serrador (Montevideo, 1935), donde se había fajado con «Mañana puede ser verdad». Terror, suspense y ciencia ficción. Trajo a Ray Bradbury a la televisión española («La zorra y el bosque», «La tercera expedición») y, como figura relevante de RTVE, se permitía hacer lo mismo «Historia de San Michele» (protagonizada por Valentín Tornos, futuro Don Cicuta) que «Los bulbos», una historia suya con «argumento pésimo» donde vio que lo que triunfaba y enganchaba era la continuidad. También triunfaba el mal. Dicen que a Franco le encantaba.

Cuando llegó a España en 1963, Chicho venía de hacer buena televisión en Argentina (es el único que ha dirigido a Margarita Xirgú en la pequeña pantalla). Y es quien importa a nuestro país los conceptos de «The Twilight zone» y «Alfred Hitchcock presenta», incluido el protagonismo tanto de Rod Serling como del director británico al anunciar los episodios. Con Hitchcock también coincide en el humor (la misma pauta la seguiría en «Mis terrores favoritos»). Al fin y al cabo, Chicho había sido hasta animador en un night club de El Cairo. Tenía 30 años cuando presentó «Historias para no dormir». Ese primer día, con jersey de pico, corbata y una pelliza, explicó de qué iba esa «flamante serie de guiones». Lo que serían: «Relatos de suspense y terror, algunos clásicos, otros modernos? Ah, y también incluiremos algunos de ciencia ficción para complacer a los seguidores de nuestra cita anterior». Asimismo, habría una selección de telefilmes americanos, ingleses y alemanes por si los siete días no eran suficientes para terminar un capítulo. Se reía Chicho de la penuria técnica de la época después de enumerar los clásicos del terror en la literatura: «Lo malo es que somos nosotros los encargados de adaptarlos. Y ya conocen nuestros medios».

«Ese loco de ahí arriba», como Don Cicuta llamaba a Chicho, vio que en la televisión española faltaba el género de terror, el suspense y la ciencia ficción. También faltaba un gran concurso. Pero su contribución, en todos los medios, abarca mucho más. Desde «Historia de la frivolidad» (con Jaime de Armiñán, el otro grande) a «¿Quién puede matar a un niño?» (1976), película que consiguió que los adultos miraran a los críos con recelo mucho antes de «Supernanny».

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