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Alberto Chicote pide ayuda divina: «¡Virgencita, échame una mano!»

Alberto Chicote pide ayuda divina: «¡Virgencita, échame una mano!»

El cocinero madrileño acudió por primer vez a Galicia para salvar al Irlanda

D�a 14/10/2016 - 01.13h

Esta semana, «Pesadilla en la cocina» viajó por primera vez a Galicia y desembarcó en Ferrol. Situado en pleno casco antiguo, el Irlanda es un local regentado un matrimonio sin experiencia en la hostelería que decidió aventurarse poniendo en marcha un restaurante.

El local nada tiene de irlandés, simplemente surgió así de la mente de la propietaria que también es vidente. El negocio se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza para sus dueños. Ambos están sobrepasados por las deudas y abatidos, buscaron en «Pesadilla en la cocina» su oportunidad para salvar su restaurante.

Alberto Chicote desembarcó en el Irlanda encomendándose a la Virgen: «¡Virgencita, échame una mano!», dijo mirando al cielo antes de atravesar la puerta. Una vez dentro, se encontró con el servicio más lento que haya experimentado jamás. Tras hora y media esperando los platos que había pedido para degustar la comida del restaurante, aún no había recibido ninguno.

Después de la larga espera, poco a poco Chicote pudo saborear la gastronomía del local y quedó bastante sorprendido porque todo estaba muy bueno. Sin embargo, la cocina era un auténtico caos donde los platos se atascaban y los dueños no paraban de discutir. La desorganización llegaba hasta límites inexplorados, en los que la sandwichera reposaba en el congelador y la campana acumulaba grasa de meses.La cosa no mejoraba con Sundy, el cocinero, que explicaba a Chicote los insultos que recibe por parte de la dueña del local: «Ella me llama a mí de muchos nombres: negro de mierda, machista? por eso me enfado».

Las peleas y el caos se extendieron durante todo el turno de comidas que arrastraron a Alberto Chicote a abandonar el local superado por las peleas y el caos.

Poco después, el cocinero regaló al local el tradicional lavado de imagen que incluye nuevo nombre y un cambio total del mobiliario, vajilla y decoracióncal. Muy ilusionados, los dueños demostraron su alegría por este gran cambio. Pero, no mostraron la misma felicidad por la nueva cocina. «No me gusta porque es donde se curra», dijo la porpietaria. «A ti lo de curra no te gusta mucho», respondió Chicote.

El servicio de reapertura no funcionó bien, Chicote tuvo que meterse entre los fogones para garantizar que los clientes recibieran los platos que habían pedido. Al marcharse, el cocinero madrileño no tenía muy claro que la ayuda que había prestado al Irlanda fuese a servir para algo: «es un resultado agridulce, les va a costar... Tienen que cambiar muchas cosas», explicó antes de marcharse.

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