ABC.es

laGuíaTV

patrocinado por .
Los Mozart de la ficcióntelevisiva
Víctor Reyes, con el Emmy que genó por «El infiltrado»

Los Mozart de la ficcióntelevisiva

Cinco compositores de producciones de ficción emblemáticas cuentan a ABC cómo es su trabajo

D�a 25/09/2017 - 17.04h

Emociona, ilusiona, divierte, asusta... La música es un elemento esencial en el cine, pero también en las series de televisión. «Componer música para ficción es el arte de captar un clima, la ilusión de una secuencia o personaje. Y el método para hacerlo, al menos desde mi punto de vista, es ensayo y error, confundirte muchas veces hasta que todo cuadra», plantea Víctor Reyes, autor de la banda sonora de «El infiltrado» y «Motivos personales», entre otras, y ganador de un Emmy por su trabajo en la primera, una coproducción de la BBC y AMC protagonizada por Hugh Laurie y Tom Hiddleston. «Ya era una sorpresa estar nominado. Sabía que era un proyecto muy potente a nivel mundial y no era descabellado soñarlo, pero ganarlo ha sido toda una ilusión y un orgullo», reconoce el salmantino, habitual colaborador del cineasta Rodrigo Cortés.

]

Federico Jusid, autor de la música de «Isabel»

Cada serie empieza, tal y como explica Federico Jusid, autor de la música de «Isabel», «Carlos, Rey Emperador» y ahora de «La Catedral del Mar», con una extensa labor de documentación. «Intento tener los guiones, dossiers de vestuario, biblia de personajes... Todo lo que puedo. Incluso me voy a los decorados o a ver algo del rodaje. Entonces empiezo a componer texturas, y cuando ya tengo el mapa musical y el primer montaje compongo «ad hoc» para cada escena. Hay que adelantar trabajo, porque normalmente cuando te entregan el capítulo tienes que devolverlo con la música una semana después», apunta este compositor y músico afincado en Estados Unidos, que recuerda con especial cariño la escena de la muerte de Isabel la Católica de la serie de TVE. «Había casi 18 minutos sin diálogos, algo que te halaga, porque quiere decir que el director confía en ti y en que tu música puede sumar mucho a ese momento. La época permite más lucimiento y un tono orquestal más colorido, porque en los diálogos ya hay cierta poesía y melodía», recuerda.

Los secretos de la comedia

Radicalmente distinto es el trabajo en comedias como «La que se avecina». Pedro Barbadillo entró a trabajar en la ambientación musical en la temporada siete. «Me muero de risa con cada capítulo. Es difícil, porque los diálogos ya cuentan mucho y hay que tener cuidado con no pasarte», subraya este compositor. «Es divertido meterse en el mundo de los personajes y crear sus letras gamberras... Excepto el tema de la ?Mandanga?, que lo hizo Wally López», añade.

Pedro Barbadillo, compositor de «La que se avecina»

Si la comedia es complicada, también lo es abordar una serie multigénero como «El Ministerio del Tiempo». «La inspiración me la da cada capítulo. Normalmente parto del ritmo y el tono con el que cada director decide contar su historia. Después yo hago mi versión basada en el color que decidimos adoptar desde la primera temporada, en el que la música funciona como un elemento que va hilando sutilmente la trama emocional. Entonces decidí hacer un tema para la relación de cada uno de los personajes: Julián y Maite, Alonso y Blanca, Amelia y Lope de Vega...», apunta Darío González, autor de la banda sonora de la serie histórica y fantástica de TVE.

Darío González, autor de la música de «El Ministerio del Tiempo»

El frenético ritmo de la televisión obliga a estos artistas a tener una jornada laboral «bastante amplia y exigente», apunta Pablo Cervantes, autor de la música de «Olmos y Robles» y «El chiringuito de Pepe». «En cualquier caso, es un trabajo maravilloso, estimulante y que me permite organizarme como desee. Básicamente establezco unos objetivos diarios de minutos de música a componer para la serie y trato de cumplirlos. Por otro lado, compatibilizo esto con la composición para otros proyectos», sostiene.

Pablo Cervantes pone música a «Olmos y Robles»

Aunque tiene un pie en Hollywood, Reyes prefiere seguir viviendo en España. «Grabo piezas en Londres y aquí en mi estudio las mezclo, usando material de última generación. Si Mozart tuviese ordenador, desde luego que lo hubiera usado», afirma el músico. En cambio, su compañero Jusid, pianista de profesión, prefiere ver cómo se graba cada una de sus pistas. «Me gusta tratar cada producción como un musical de cine. Creo que no se destina a la música en general lo que se merece. Yo he sido muy afortunado y en mis series siempre han hecho lo posible por darme lo que les pido, pero el problema es estructural. La ambientación musical suele ocupar un porcentaje mínimo del presupuesto total», plantea. «Pero luego lo que devuelve a la imagen es muy evidente, lo que pasa es que hasta que no ves la diferencia con un buen sonido no queda claro».

Aunque la música mueva y conmueva, tanto en el cine como en la televisión, es difícil que ponga en pie por sí sola toda una producción. «A veces algún director me ha dicho ?Federico, tenemos esta batalla pero no tengo mil figurantes para grabarla, así que ponle épica?. Luego se ríen cuando ven que yo la grabo con un coro de 150 personas», bromea Jusid. «La puede acomodar, ayudar, pero si la serie es mala, es mala. Hay películas mediocres con grandes bandas sonoras y al revés, cintas muy buenas con bandas malísimas», reconoce Reyes, que como muchos de sus colegas se define casi como un autodidacta. Eso sí, con muchas horas de trabajo a sus espaldas.

«La música es un manipulador emocional, que misteriosa e intangiblemente se mete en lugares donde el cerebro hace conexiones a niveles mucho mas profundos que el auditivo», sentencia Darío González. «Siempre modifica o aporta una lectura a la imagen. Que esa lectura sea correcta o incorrecta dependerá de que compositor y director sepamos lo que buscamos y tengamos la suerte y/o el talento de encontrarlo. Como decía el creador Adolph Deutsch, «un compositor de cine es como el empleado de una funeraria: no puede resucitar a un muerto, pero se espera de él que lo haga parecer más presentable», concluye Pablo Cervantes.

Comentarios